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Colón en Madeira
Si viajas a la isla de Madeira una de las cosas que puedes hacer para descubrir las huellas de uno de los visitantes más ilustres del lugar es preguntar por la casa donde vivió Cristóbal Colón en Madeira.

Foto: Flickr.com
Se sabe que hacia el año 1478 el navegante genovés llegó a Madeira por encargo de los comerciantes de azúcar de Génova. También se tiene constancia de que en Porto Santo se reunió con el gobernador de la isla, su paisano Bartolomeu Perestrelo, ya que también procedía de Génova.
Durante esa estancia conoció a Filipa Moniz, con la que se casaría al año siguiente, en 1479. Al poco tiempo se quedó embarazada y llegó a dar a luz, pero desafortunadamente para la pareja, la mujer murió en el parto. Se sabe que al poco tiempo del nacimiento del hijo y la muerte de su esposa, Cristóbal Colón decidió irse de Madeira, y la verdad es que se cree que nunca más volvió. Todos sabemos que el destino le tenía reservado unos viajes mucho más épicos e históricos.
No obstante, pese a los pocos datos seguros que los historiadores conocen de la estancia de Colón en la isla, si preguntáis a las gentes del lugar, la gran mayoría os conducirán sin dudarlo un ápice a la casa donde dicen que residió el descubridor de América.
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En recuerdo de Madeira
Como particular homenaje a la isla de Madeira que este mes de febrero de 2010 ha sufrido unas devastadoras inundaciones vamos a dedicar dos post a la isla, evocando la belleza de este alejando rincón de Portugal, perdido en el océano Atlántico.

Foto: Flickr.com
La belleza paisajística de Madeira es tremenda y para apreciarla en todo su esplendor lo más recomendable es calzarse las botas para caminar y visitar alguno de sus muchos miradores, desde los que dispondremos de unas panorámicas espléndidas.
Algunos de estos miradores son verdaderas atalayas naturales, como por ejemplo el Cabo Girao, que se eleva a 569 metros sobre las aguas del mar y se convierte en el cabo más alto del lejano continente europeo. Desde ahí la vista casi cenital del océano es vertiginosa, nunca mejor dicho.
Otro mirador destacable es el de Pico Ruivo, el punto a más altitud de toda la isla de Madeira y por lo tanto es una ascensión un tanto fatigosa, pero con la recompensa final de poder dominar desde su cumbre toda la isla.
Y un último mirador que atrae a muchos visitantes es el de Eira Serrao. Desde él se logra ver el cráter del volcán que dio origen a toda la isla, y muy próximo a él se descubre el convento de Santa Clara y el pueblo de cuento en torno suyo.
Así, pese a que el temporal ha afectado en este momento a la isla, si tienes la oportunidad no dejes de viajar a Madeira. Te encantará.
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Vila Nova de Mil Fontes
Con ese topónimo tan sugerente se nos presenta esta pequeña localidad de la región del Alentejo, en la costa atlántica. Todo aquel que la visite se quedará prendado por lo recogido y la tranquilidad de esta población, y deseará como mucha de su población, que algún día, la economía y el trabajo le permita terminar instalándose en un lugar como éste.

Foto: Flickr.com
El pueblo en origen fue una población de pescadores, pero hoy se ha preparado para el visitante, por lo que las posibilidades de alojamiento en sus pequeñas casas encaladas son abundantes, así como tampoco tendrá ningún problema para encontrar lugares donde comer y degustar algunos de los platos locales, evidentemente basados en los productos pesqueros.
Además sus playas son preciosas, tanto las de mar como las de río, ya que en Vila Nova de Mil Fontes desemboca el río Mira que recorre parte del Alentejo, y en él hay lugares de baño, pero sobre todo en la zona de su desembocadura encontreremos unas playas de fina arena, más o menos expuestas a los embates del Atlántico.
El turista que llegue hasta aquí tendrá diferentes oportunidades para disfrutar de las aguas. Por ejemplo, en el río podrá disfrutar de travesías en piragua, o si es más sedentario y no le motiva remar, otros barcos le llevarán a dar un paseo.
Igualmente, en los acantilados próximos a la población hay quién practica el buceo descubriendo las oquedades de las rocas. Y por la exposición a los vientos marinos, del mismo modo muchos surfistas se acercan a esta zona con su tabla y neoprenos para disfrutar de las olas del océano.
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Tavira, una joya del patrimonio
El Algarve ha pasado a ser un destino turístico de primer orden a nivel europeo, gracias a sus excelentes condiciones climáticas en el sur del continente y por la existencia de extensas playas, excelentes para tostarse al sol y para darse baños en el Atlántico.

Foto: Flickr.com
Por ello en el Algarve han florecido los alojamientos turísticos para todos los bolsillos, y también son abundantes los restaurantes, bares, discotecas y en general muchos negocios dedicados al ocio de los turistas.
No obstante, el Algarve ofrece lugares que son algo más que sol, playa y diversión. Un buen ejemplo es la población de Tavira.
Esta localidad posee un casco histórico repleto de atractivos monumentales de gran belleza, por lo que bien merece una visita sosegada por sus plazas y callejuelas.
Una de sus muestras patrimoniales más importantes es el castillo medieval que se eleva sobre la población, el cual ha sufrido a lo largo de su historia numerosas transformaciones que le conceden el aspecto actual.
Por otro lado, el conjunto de patrimonio religioso de Tavira es muy amplio. En total se pueden ver hasta 22 iglesias repartidas por el núcleo de la localidad. Quizás la más destacada sea la de Santa María do Castelo, situada junto a los restos de la fortaleza.
Y muy próxima a ésta se encuentra la iglesia da Misericordia, construida entre los siglos XVI y XVIII. Lo mejor para descubrir todos estos templos históricos es caminar por el casco viejo, al mismo tiempo que nos sorprenderá la arquitectura tradicional de Tavira, todo un conjunto de gran belleza, que por fortuna todavía no está repleto de turistas, como ocurre con otros lugares del Algarve.
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Las Azores, a dos horas del continente
Casi todos nosotros sabemos que hay unas islas por el océano Atlántico que se llaman Azores, y la culpa de que todos lo sepamos la tienen los metereólogos y su famoso anticiclón de las Azores.

Foto: Flickr.com
Sin embargo, pocos son capaces de situarlas con corrección en un mapa, y a veces se confunden con Madeira. Pues bien, las Azores se sitúan mucho más al norte, prácticamente en la misma latitud que Lisboa, y en unas dos horas de vuelo desde el Portugal continental llegamos a sus aeropuertos de Ponta Delgada en la isla de San Miguel, Horta en la isla de Faial o el aeropuerto de Lajes en la isla Terceira.
Una vez que se llega al archipiélago podemos igualmente desplazarnos en avión entre todas las islas gracias a la compañía aérea local, la SATA, si bien dependiendo de la isla a la que quieras volar, no siempre hay vuelo diario. Algo a tener en cuenta cuando organices tu viaje.
En total se trata de nueve islas, pero las de mayor atractivo son las San Miguel y Faial, aunque cualquiera de las otras siete, bien pueden merecer una visita: Terceira, Santa María, Graciosa, Pico, San Jorge, y las más occidentales de Corvo y Flores.
Y volviendo al hombre del tiempo. Si voláis hasta las Azores, llevad siempre un chubasquero en la mochila, porque puede llover cualquier día del año. Los anticiclones son así.
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