El viento de San Vicente
El Algarve se ha convertido en los últimos años en un destino turístico de primer orden a nivel europeo, ya que no sólo los portugueses acuden a sus playas, sino que gentes procedentes de todo el norte del continente llegan hasta esta costa del Atlántico en busca del buen tiempo que reina la gran mayoría de días del año.

Foto: Flickr.com
Para muchos de estos turistas que se alojan en ciudades como Faro, Portimao o Tavira una excursión casi obligada es a la fortaleza de Sagres, histórico bastión defensivo de la costa sur del país luso y antigua escuela de navegantes.
Desde este fortín se contempla el oceáno en toda su plenitud y pasear entre el amurallamiento del castillo es un deleite para los sentidos, siempre y cuando no sople el viento, cosa bastante habitual y que según la intensidad con la que llegué puede convertir la visita en un suplicio.
Aunque para conocer los fuertes vientos de la zona hay que ir al cercano Cabo de San Vicente, en otros tiempos verdadero fin del mundo y balcón desde el que asomarse a lo desconocido.
Es típico llegar al Cabo de San Vicente al atardecer, ya que la puesta de sol es espectacular por del lugar orientación hacia occidente. Ver como el sol anaranjado se oculta tras las aguas del Atlántico puede suponer una velada inolvidable por su belleza, aunque también puede ser inolvidable la violencia del viento. De hecho, no es extraño ver como llegan numerosos coches hasta el lugar, y casi ningún pasajero se baja del vehículo, si no que maniobran, se enfilan hacia el oeste y esperan ver el ocaso protegidos por el parabrisas de su coche, aunque en este caso la palabra parabrisas parece una broma, porque en el exterior el viento por su fuerza y el ruido que origina puede llegar a ser brutal.
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